MANFRED, EL LEGADO RICKEY, MONOTONÍA Y PELIGRO PARA EL BEISBOL

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Por Andrés Pascual

El hombre que más amó el juego de beisbol, que más hizo por su salud y desarrollo fue aquel GM de los Dodgers que, en 1945, se arriesgó a firmar a Jackie Robinson, manejó la situación favorable al objetivo y cambió la cara del juego en los deportes de América por su influencia positiva: los negros hicieron mejores a todas las disciplinas; sin embargo, setenta y dos años después, por su influencia general, aparenta que aquella contribución extraordinaria e inigualable, se perfila como el principio del fin del pasatiempo que apasionó al Gran Innovador, sobre el que certificó:

Un hombre podrá salir al espacio sideral; tal vez pueda descubrir el secreto de la eternidad…para mí, la máxima satisfacción de un ser humano es presenciar una jugada de hit and run perfectamente ejecutada”.

BRANCH RICKEY, 1958.

Jackie Robinson no se sacrificó por su raza voluntariamente, cuando firmó, hizo realidad un sueño largamente deseado por los peloteros negros desde que les prohibieron jugar en el Beisbol Organizado por el Pacto de Caballeros del siglo antepasado, pero su decisión resultó en beneficio del jugador sepia, del beisbol y del deporte americano en general.

Sin politiquerías trasnochadas innecesarias, la importancia de la integración del beisbol y su impacto en todos los otros se le agradece a Branch Rickey, a los dueños del Brooklin y a todos los dueños de clubes de ambas ligas más el Comisionado de la época, que no presentaron impedimentos de peso que pudieran detener semejante paso de progreso socio-político. El famoso # 42 fue el instrumento que utilizaron los verdaderos responsables del derribo de la barrera.

En estos días hay “pánico y gritos”, porque al Comisionado Rob Manfred (foto con Tony Clark, Pdte del Sindicato de Jugadores) se le están ocurriendo posibles medidas que nadie sabe cuánto de negativas resultarían para el pasatiempo, porque, en primer lugar, cambiarían la faz del beisbol a una desconocida en cantidad algo más que generosa, de tal forma que le resultaría al tradicionalismo histórico lo que el criquet al juego americano; sin pasión, si a Manfred lo dejaran ejecutar, estaríamos ante un cambio brutal de la cara de la disciplina, más o menos entendible y promocionable como “se parece a lo que una vez fue el juego de beisbol”.

Para culpar todo lo que suponen afecte la normalidad monótona “antigua”, han inventado un nombre generacional muy de moda: “los milenials”, que nacieron alrededor de 1983-84 y exigen de acuerdo a superdotados, porque las generaciones anteriores les han puesto en las manos jugueticos, teléfonos, aparatos electrónicos muy adictivos y peligrosos por la pérdida de la concentración en lo que no sean sus actividades derivadas, de difícil manejo para el mortal común y corriente.

Quiérase o no, son los recursos de entretenimiento de alto voltaje que cité, pero, según algunos “estimuladores de conciencia o motivadores”, esta generación milenial como que se va idiotizando y ven esa “manía” como especie de “lobotización generacional-INSTRUMENTAL”.

Se manejan conceptos como reducir el calendario a 154 juegos otra vez, acortar el spring trainning con afectación de los calendarios de juegos de las ligas Toronja y Cactus, decidir la base intencional solo con señalarla, recurrir al inning de muerte adelantada para liquidar el extrainnings, aberraciónes concebibles en quienes no aman al juego sino que tienen intereses bien definidos y ninguno es pasión por la herencia cultural tradicional, de importancia capital, en la formación del americano promedio.

Cuando el football de la NFL y el baloncesto comenzaron a recibir jugadores negros, el nivel de juego de estos deportes se elevó el doble, entonces comenzó una campaña promocional feroz en los medios, fue a partir de 1960, sin embargo, el beisbol siguió con números frescos,.

El movimiento al oeste de las GL produjo nuevas expectativas de futuro promisorio, porque entraron los mexicanos, chicanos y habitantes de la zona al terreno de competencia fanática. A todos luces iba bien el beisbol.

Pero, “los acuerdos multianuales” fracturaron la credibilidad del esfuerzo del jugador, no solo ganaban barbaridades, sino que podía apreciarse que jugaban para el contrato de la agencia libre: el último año para apropiarse de la cifra fabulosa y del tiempo que le asegurara morir en el leftfield sin pasar por un home sin mucho esfuerzo y, el primero, porque había que justificar lo recibido en el acuerdo.

El agente picapleitos y el Sindicato pusieron su grano de arena en desvestir al juego del aura de pasatiempo nacional, más la vista gorda y la falta de personalidad del consorcio ligamayorista.

La inmigración y su descendencia aportó la estocada final con el entusiasmo por el balompié, que se ha apoderado del hálito en la zona oeste y comienza a serrucharle el piso al beisbol en el este.

Para desbancar al juego de Ruth, la media en función de todos los otros deporters profesionales: programaciones copadas de programas de crítica y análisis de cada disciplina y la transmisión superior de los calendarios de NFL y NBA, observándose el crecimiento peligroso de las cifras de audiencia del balompié, tanto en inglés como en español.

La NFL tiene un programa en SHOWTIME que el boxeo trató de hacerle competencia por HBO, fue el pugilismo el primero que cayó por la fuerza del resto, pero el boxeo no tiene público ni para estar en las páginas deportiva sino en segunda selección de otros deportes.

Si el balompié ha arraigado tanto, no quepan dudas de que está relacionado con la evolución a sociedad violenta, estilo europea y resto del mundo que se ha importado, con incidencia de la propia reacción nacional antisocial, estimulada por agentes ajenos a la paz y la concordia.

Por lo que se ve, el beisbol pudiera convertirse en un juego robótico por la sustición de material humano tradicional, como los árbitros, por máquinas acondicionadas al efecto.

¿Podra salvarse el beisbol? Yo creo que no, porque lo acusan de monótono, cansón, poco enérgetico y mil tonterías, que obligarán a “modificarlo” a generaciones que lo único que ven es dólares tras el juego y, si no hay asomo de pasión fanática, empezando en las oficinas, es poco posible que puedan encontrar soluciones que detengan el atentado contra el alma del deporte.

Así que los números frescos de que hablaron hace poco están en rojó insultante para nuestro querido deporte.

Una vez un hombre derrumbó el muro racial del beisbol, entonces le trajo al país aires de integración y confianza, el deporte solidificó su presencia general y comenzó a escalar…pero, visto a través del tiempo hasta hoy, fue el velorio del beisbol por la pérdida de personalidad de sus manejadores y por los errores que lo han convertido en pacotilla sin remedio ante los otros, que se han armado para el futuro.

De enterrar el juego se está encargando Rob Manfred, con la cuota enorme de la responsabilidad en este asesinato que cumplen o complieron Bud Selig, el Sindicato, la Agencia Libre, los dueños, la media y ¿por qué no? Los propios jugadores.

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