LLEGA EL CLÁSICO Y FALTA UNA RESPUESTA

LAKELAND, FL. MARCH 3: Mike Piazza # 31 of team Italy takes batting practice for the World Baseball Classic on March 3, 2006 at Joker Marchant Stadium in Lakeland, Florida. (Photo by Rick Stewart/Getty Images)

LAKELAND, FL. MARCH 3: Mike Piazza # 31 of team Italy takes batting practice for the World Baseball Classic on March 3, 2006 at Joker Marchant Stadium in Lakeland, Florida. (Photo by Rick Stewart/Getty Images)

Por Andrés Pascual

Hay euforia por el inminente arribo del campeonato que impuso Bud Selig en medio de críticas justas y rechazos de cuartería, el Clásico Mundial de Beisbol ha capeado el temporal y se encamina a su 4to aniversario.

Por lo general, se menciona la patria para promover el evento como principal objetivo de asistencia atlética y de apoyo popular ¿Quién no quisiera representar a su patria? Y la realidad es que el nacional que rechace representar a su Alma Máter en total libertad de oportunidades, merece perder…no sé, pero merece algo, porque en una emisora de ESPN en español de Miami, un comentarista casi mata a adjetivos ultra-nacionalistas a un oyente reaccionario, que dijo algo contra la decisión de no asistir de quien lo haga, a través de un microfono abierto.

Pero la competencia nació y se desarrolla en tiempos que ponen a la prensa en otra disyuntiva: si un pelotero se va como pueda y trabaja fuera de su país sin autorización para hacerlo (recuerde que en el Caribe hay uno en el que respirar es por cuota y abandonarlo alta traición), porque no le pagaban por sus habilidades y supuso que debían, quisiera representarlo y el régimen instalado no se lo permite ¿Cómo llamaría a esta monstruosidad? ¿Qué medida pudiera aplicarse contra semejante falta de respeto de todo tipo?

A estas situaciones debiera atender también el cronista de ESPN en español que cité arriba, mucho más graves que la respuesta hinchada de nacionalismo trivial y de bodega que le dio al fanático, por lo menos debe ensayarlo, porque nunca comentan sobre la bárbara realidad cubana, por ejemplo, y comentar es enjuiciar, censurar, como hizo con el radioescucha cuando este se refirió al posible rechazo de un jugador a representar a su país en el Clásico; digamos que como Gary Sánchez, que optó por cuidarse y practicar, porque será el catcher regular de los Yankees para esta campaña. O como Papi Ortiz (describo y comento, no impongo), que bien pudo decirle adios a su tremenda carrera en uniforme quisquellano echando el resto por ganar el segundo campeonato para su país.

Digo, es mi punto de vista “a lo patriótico”, que no obliga al ex pelotero en nada, pero si de imposiciones viciosas se trata…

Para que no queden dudas, cuando “el cronista” se metió en terreno movedizo sobre patriotismo y colaterales, SE METIÓ EN TERRENO POLÍTICO y se lo tragó la arena, porque de tanto aceptar órdenes hipócritas de dueños insensibles y/o comprometidos con partes poco decentes, de tanto callarse la boca y virar la cabeza a otro lado, no saben cómo enfrentar este tipo de situaciones, que obligan a la definición desde cualquier punto de vista.

Ya sabe por donde vine, pero no voy a seguir, no vale la pena y no la vale, porque la Media seguirá llamando Cuba a una novena propiedad de los mandamases de la Isla, de ninguna forma pecado ni bochorno, a fin de cuentas no son cubanos, y porque muchos nacionales se ven representados en el terreno por ese abominable instrumento de promoción deformada y deficiente de acuerdo a los tiempos.

¿Por qué el Clásico no es un gran evento deportivo en el terreno? Por la pésima forma atlética de los peloteros que asisten, por tal razón es menos que de media clase de acuerdo a su nivel, porque no han tenido tiempo de prepararse, sobre todo los estrellas de Grandes Ligas. Y van, y quieren ganar, pero si no ganan poco importa, “a otra cosa mariposa”, porque el auto que compraron no peligra ni la casa que adquirieron con su dinero.

Si la crónica escribe en mayo que hasta fines de junio o principios de julio no comienzan a jugar como liga-grande los peloteros de ambos circuitos, figúrese dos o tres meses antes, en una serie donde deben cuidarse de cualquier lesión que les liquide la carrera, porque, a fin de cuentas, “esa no es su pelota”.

Pero la fanaticada lo disfruta por el dañino y corrosivo nacionalismo y porque es un lugar ideal para someter a los “yanquis”, que también enarbolan la bandera de lo patriótico, pero hacen muy poco por ganar, porque son los que en peor forma se presentan y dan pena en los terrenos en que los eliminan.

Por esta razones siempre he visto el torneo como un peligroso descrédito del jugador de Grandes Ligas, porque puede llegar un equipo que le ponen cuatro letras que dicen Cuba en la camiseta y concluye en segundo, como sucedió hace 11 años, o gana este, que nadie sabe y yo los considero favoritos, porque les ha mejorado el pitcheo abridor, aunque las regulaciones del uso de abridores (pocos inning y pitcheos, escalonadamente de acuerdo a la fase en que jueguen), deposita la responsabilidad en los relevos y porque, como siempre, van en plena forma competitiva a una serie corta contra grupos de jugadores muy patriotas, muy buenos, pero que olvidan el fusil para la guerra.

La anterior es la diferencia con la Serie del Caribe, donde un Doble A puede rendir infinitamente más que un super-estrella de Grandes Ligas en el Clásico; además, en el viejo evento regional “juegan a matarse” por intereses promocionales personales con vistas a ascender o a reiniciar carreras afectadas por el tiempo, por lesiones o por bajo rendimiento.

¿Cuántas naciones africanas pertenecen a las organizaciones del beisbol mundial, digamos que amateur? ¿Por qué no hay por lo menos un par “federadas”?

A las que alguna vez “ayudó” a liberarse Castro debieran admitirlas, a Angola y a Etiopía, donde se quedaron muchos cubanos o se han ido otros allá desde 1995, que, con seguridad, los domingos “echan su pitencito de placer”.

Tener organizados a países africanos significaría promocionar el juego y ampliarlo a tierras vírgenes, cuyos habitantes nacen con el atleta natural dentro, que solo necesitan interesarlos y ayudarlos a prepararse.

Mientras, en lo que tarden en desarrollar habilidades para jugar beisbol, una vez inscritos en la federación, bien que pudieran confeccionar un par de equipos (Angola y Etiopía), con descendientes de africanos que no sean tenidos en cuenta ni por USA ni por el Caribe para integrar sus equipos nacionales.

Un jonrón con bases llenas sería convencer a los cubanos que juegan profesionalmente en Grandes Ligas, una vez que “el gobierno” de su país los considera “bacterias infecciosas que pueden enfermar a sus jugadores revolucionarios”.

Y se puede, que una vez vi a un cubano que no debe haber oído el nombre de A Coruña todavía, en uniforme representativo de España, y a Mike Piazza o a Antonio Rizzo (foto) jugando por Italia…

No digo yo, si tratan pueden y serían dos equipos poderosos. La pregunta continúa ¿Por qué ni han hablado de lo que dije antes?

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