¿PROFESIONALES EN CUBA? NUNCA, EL DINERO LIBERA AL HOMBRE

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Por Andrés Pascual


 USA, 22 de septiembre de 2010. El béisbol y el boxeo son los símbolos máximos del deporte cubano, con la mala suerte de que, incluso antes de usurpar el poder por la vía de la violencia terrorista de la revolución armada, el dictador encubara un vicioso y enfermizo odio contra Estados Unidos, asentado en el más profundo complejo de inferioridad jamás visto en Cuba ante Norteamérica.

La pelota y el boxeo, que tuvieron su teatro de actividad gloriosa “del lado de allá del charco”; es decir, en los estadios y arenas estadounidenses, comenzaron los sesentas con el símbolo de la muerte delante de sus nombres, porque nadie cuerdo podía pensar que Cuba se mantendría por siempre jamás en condición decentemente gloriosa y competitiva, separada de lo que significo y significa para nuestro país y casi todo el mundo, en el desarrollo y la renovación técnica de esos deportes, la relación directa con el “Monstruo” del Norte. Los últimos años dan cumplimiento a la profecía.

Hay que repetir hasta la saciedad que, cuando Castro, de manera unilateral y arbitraria, sin mediación de consenso popular, decidió “”el triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava”, ni sugirió que un deportista, a partir de ese momento, iba a recibir algún tipo de pago o beneficio por la actividad y hablo materialmente. Sin embargo, con el tiempo, los atletas han tenido acceso a viviendas, autos…pero, en la medida que se hunde el país y la situación va mas allá de precaria, el abandono de la idea guevarista de “la construcción de un hombre nuevo” se pisotea por infame detrás de cada atleta que escapa del reino de terror y hambre que es Cuba hoy. Contra el crecimiento natural de la ambición humana nada pueden esas habladurías de trasnochados bandidos que no viven lo que promocionan y obligan.

Los comunistas en Cuba nunca profesionalizarán el béisbol, residiendo allá, la excepción del grupo de Ayon, Velo, Baró, Delís, Máximo García o Zayas…que jugaron en la Mexicana hasta entrados los 70’s, y el exiguo grupito que va a Japón o juega semiprofesional en la independiente Canadá-New Jersey y les controlan los salarios “centavo a centavo”.

¡Con lo fácil que sería autorizar a que firmaran a los jugadores cubanos para el Béisbol Organizado! para romper esa parte de la imaginaria y engañosa política del embargo, se encargarían las Ligas Mayores en pleno con muchísimas posibilidades de lograrlo. Entonces ¿Cual es el problema?

El propio sistema castrocomunista, asentado sobre bases de dependencia del individuo del Estado políticamente y ajustado a nuevas reglas de “cuentapropistas” controladas por la Central de Inteligencia contra los Trabajadores de Cuba, que dirige basado en el hambre y el terror, conociendo bien que, un detalle mínimo de precapitalismo monopolista en una sociedad arcaica y cerrada cual feudo medieval, provocaría un desaire al sistema por el rechazo a todo el aparato de control oficial y militar: un jugador de pelota cubano que venga firmado hacia acá por los canales normales y conocidos, por mucho que le robe el fisco castrocomunista, quedará económicamente en mejor situación que todo el pueblo; pero se debe incluir que a la clase dirigente, que ni igualaría el modo de vida del nuevo profesional de estos deportes; porque hoy se trata de millones, suficientes para dejar en manos del atleta, después que lo cepillen, la cantidad que obligue a la dictadura a venderle una casa o permitir que la construya, como la que un individuo de ese nivel necesita y más después de estar en Estados Unidos por seis meses cada año ¿A quien se le ocurriría pensar que pueda ocupar lugar en las agendas de represión y explotación del nefasto sistema impuesto en Cuba, el profesionalismo beisbolero?

Si hay algo contra lo que conspiraría un jugador de pelota autorizado a profesionalizarse desde Cuba, es que esa membresía del CDR (Comités de Defensa de la Revolución), como la de la FMC (Federación de Mujeres Cubanas) en los casos de su esposa, madre o hermanas y la de la UPC (Unión de Pioneros de Cuba) para sus hijos y sobrinos; así como la militancia en la Juventud Comunista y el Partido, desaparecería con el primer cheque que se reciba; luego ¿Quién puede ni suponer que ese fracasado experimento de terror y hambre puede sobrevivir al abandono ciudadano de sus símbolos de destrucción familiar un solo dí

El único problema que tiene todo esto es que los Castro lo saben, por eso el libre Industriales, con 25 peloteros muertos de hambre sin vivienda propia ni transporte publico, se impuso al esclavo Almendares, con otros 25 jugadores que se iban a dormir a sus casas propias en autos también propios. La queja era buena en 1960, hoy es un vulgar lanzamiento en zona demasiado baja y afuera, como para que el árbitro la cante strike.

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