FANATISMO Y EVOLUCIÓN, LOS MODERNOS DE LA LIGA CUBANA (2do y final)

almendares-1958-59

Por Andrés Pascual

Si algo contribuyó a reafirmar el fanatismo por el Almendares desde los pioneros (era de la bola muerta), debió ser que muchísimos estrellas criollos, en algún momento o durante toda su carrera, vistieron el uniforme glorioso: desde Mulo Padrón, primer jugador cubano que se puso un uniforme de Liga Grande post 1900, cuando lo firmó Comiskey para meterlo como español en el Chicago del Joven Circuito.

Padrón estuvo casi todo el trainning de 1908 con el club, pero fue protestado, porque el empresario había hecho lo mismo contra los Gigantes y Fowler (apodado Charles Grant comparativamente por el infielder blanco de ese nombre), a quien McGraw trató de presentar “de sangre indio cherokee”. Después el artífice del Escándalo del 1919 repitió la dosis con los propios Gigantes y el pitcher José de la C Méndez.

Como Padrón, Anguila Bustamante, Méndez, Torriente, Agapito, Marsans, Baró, Dreke, Salazar, Ortiz, Willy, Mayarí, Tony Taylor, Orlando Peña, Avelino, Héctor, Fermín o Marrero, a través de los años, fueron la cara, la personalidad y la clase de los campeones del tremendo “EL QUE LE GANE AL ALMENDARES SE MUERE”, (FOTO Almendares 1958-59 celebran victoria: Lasorda, Peña, Posada, Izquierdo, Taylor)

Muchísimos importados contribuyeron también a perfilar al fanático almendarista, a pesar de la enconada rivalidad de los Leones del Habana durante toda la existencia del premio invernal, del Santa Clara un par de años o del Cienfuegos 4 y Marianao 2, entonces los nombres de Monty Irving, Sam Jethroe, Connors, Max Lanier, Televilla Skinner o el Almirante Nelson, entre varios, significaron Alacranes.

A finales de los 40’s, por investigaciones del Ministerio de Hacienda, la Liga Cubana estuvo al borde de sufrir un colapso moral, cuando oficiales de la Policía Económica que investigaban a José Manuel Alemán por corrupción, encontraron que este individuo tenía acciones en los Monjes Grises de Marianao.

La medida de separar al club naranja de la Liga “por siempre jamás” se manejó con fuerza, pero los restantes propietarios, incluso figuras políticas del país, apoyaron e impusieron la decisión de dejar al equipo en el circuito, porque “ni los jugadores ni los fanáticos tuvieron la culpa”, entonces se saneó la gerencia y se cambió el apodo por Tigres, para lo que se redactó un slogan comercial, compuesto por un par de cronistas que reza: “Aunque no tienen melena, el que le gane a los Tigres se envenena”, que muy pocos recuerdan o conocen a estas alturas.

Avalados por la mayoría de los comentaristas que vieron ambas épocas, se consideró a la pionera y a una parte de la moderna, a partir del primer campeonato del Cerro hasta 1955, como la de mayor efervescencia, ESPLENDOR, júbilo y fanatismo en la historia del pasatiempo en Cuba.

Sin restarle importancia a las campañas en La Tropical, la del Cerro es considerada igual a los años románticos del 1er Almendares Park. Los eruditos también coincidieron en que las comparaciones tontas en base a clase individual de los peloteros sobraron para semejante compromiso ante la historia.

Fueron años de colas enormes ante las ventanillas de expendio de entradas, de ningún lugar vacío para parquear, de banderas rojas y azules a lo largo y ancho de la República, de distintivos, de pañuelos al cuello desde las escuelas a las domicilios particulares cubanos.

Fue la locura total, capaz de convertir en acróbatas improvisados a fanáticos que se jugaban la vida escalando las torres del alumbrado con tal de ver la acción en el terreno, a fin de cuentas, el retrato de la Cuba verdadera, postal olvidada cuyo recuento recrea la ilusión destruida irremediablemente por efecto de la horda.

Cuando el Beisbol Organizado levantó la suspensión a los peloteros que actuaban en Grandes Ligas (solo dos años: 1949-1950 y 1954-1955), para que pudieran actuar en los países confederados, comenzó a medirse, a tasarse el valor atlético-financiero del circuito cubano ¿Qué nivel tenía aquella liga?

El nivel de la Liga Invernal Cubana se catalogó de mixto, nutrida por los mejores valores que se pudieran obtener: jóvenes criollos de promesa infinita en las Menores, o mejores refuerzos posibles contratados en nivel de Grandes Ligas. Cuando se presenta un conglomerado de tal magnitud en brillantez, es casi imposible someter, maniatar al circuito a una calificación.

Fue el último campeonato que importó a jugadores norteños (1959-60), el escogido para calificar al evento como un paso intermedio entre Triple-A y Grandes Ligas, por la proliferación de estrellas de Triple y Doble A que inundarían el campeonato, pero, sin dudas, por los más de 40 peloteros liga-grande genuinos o en rápido ascenso que verían acción por los 4 clubes.

Jugadores nativos como Taylor, Haitiano, Cárdenas, Azcué, Mendoza, Musulungo, McFarlane, Peña, Camilo, Fornieles, Versalles, Ossie Álvarez, Tiant, Pedro Ramos, De la Hoz, Posada, Rojas, Panchón, Bauta, o Miñoso, o importados como Altman, Dobbeck, Don Eddy, Dotterer o Breeding, aseguraron entonces, apoyados por las mejores oficinas de liga invernal hasta hoy, que nadie sentía la pasión por el pasatiempo como el jugador cubano, ni disfrutaba o lloraba el fanatismo de la manera como JUAN FANÁTICO.

FIN

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s