CLEVELAND Y FRANCONA, EL TEAMWORK LO PUEDE TODO

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Por Andrés Pascual

En el juego de pelota los uniformes no ganan, en estos tiempos ni impresionan, por ejemplo, los Yankees han quedado para cuentos de abuelos al pie de la estufa, porque no pueden ni insertarse en los capítulos de “historias de brujas”, así de grande ha sido la pérdida del brillo ayer glorioso.

Pero el club repleto de estrellas, de billeteras en las que no cabe un dólar más tampoco, y año tras año las frustraciones en este aspecto superan la condición de siderales.

Durante los períodos de contrataciones de agentes libres, la prensa moderna ha formado a un fanático a propósito, pendiente su fé y su esperanza de la firma del artillero capaz de derrumbar cercas a cohete limpio o a pitchers que superan las 95 millas con facilidad, capaces de dar “cinco o seis innings buenos”, que es una tomadura de pelo y un robo a caja destemplada, porque esperar que un millonario abridor rinda la cuenta con solo cinco o seis entradas sólidas es una falta de consideración monumental a sí mismo y otra falta de respeto al público, baúl que no puede cerrarse por lo lleno.

A la llegada a un team de un General Manager o de un manager de terreno se le brinda poca o ninguna importancia y es ahí, muchas veces, donde puede estar el motor de arranque de una máquina modesta, elevada a la categoría de alta potencia para resultados de F-1 desde el origen en el circuito NASCAR.

Un buen GM le es tan necesario a las aspiraciones de un club como bateadores de ranking o pitchers de nombre exclusivo, porque puede traer al fenómeno al seno de la Organización, porque depende de su intuición, su vista, su sentido y su olfato qué jugador es necesario para balancear una alineación capaz de fusionarse, respetarse y jugar todos para el club.

De lo otro se encarga el manager en el terreno, por eso Cleveland está esperando para jugar la Serie Mundial, porque Terry Francona (foto), responsable junto a Theo Epstein de desmantelar la llamada Maldición de Ruth con Boston, sabe cómo mantener jugando contentos a los jugadores del róster, regulares o suplentes, sabe cómo motivar a los peloteros para que jueguen bajo presión de forma suelta, sin excesos de preocupaciones nocivas ante el resultado.

Francona confió en un peloterazo hispano llamado Francisco Lindor, porque instuyó de inmediato que esa línea central podía ser ganadora si jugaba a toda máquina, explotando al máximo sus excepcionales condiciones y confió en José Ramírez para la esquina caliente, ambos batearon sobre .300.

Y ahí está el resultado, el Cleveland estará en la Serie Mundial, porque el manager logró lo que solo pueden los directores de prestigio e inteligencia, los que saben manejar al grupo con sicología especial, aun con jugadores sin rango de dioses del juego y convertir a la novena en un exponente del teamwork.

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