¡QUÉ BRAZOS! ¡QUÉ SHORTSTOP!

IGLESIAS PÌVOT CON BOSTON

IGLESIAS PÌVOT CON BOSTON

Por Andrés Pascual (Bobfelito)

Si algo llama la atención de los jugadores cubanos de la novísima “ola”, son sus brazos poderosos; de “guajiro de monte adentro”, que en Cuba no existen y por eso es raro observar la potencia en el tiro que traen y es “un decir”, porque así “bajaba” de la loma o abandonaba el terreno rural el jugador que no era capitalino, pero tenía un mundo de condiciones que le pulirían los “entendidos”.

La puntería, lo certero ¿Alguien ha visto tirar mal a Puig, a Céspedes, a Iglesias…? Y disparan según el catecismo que exigían antes: “vomítala desde donde la atrapes, que no quede en tus manos un segundo” y así había que efectuar el morterazo, sin mirar a la base, los mejores exponentes de la regla fueron Kaline, Dimaggio, Meusel, Speaker, Furillo, Duke, Colavito, Mays, Clemente, Shoeless durante su era y un grupito que, posiblemente, no lleguen a la decena, entre ellos, los cubanos Haitiano González, Cárdenas, Tartabull y Cardenal. Hoy, los nuevos, los que llegan desde hace relativo poco tiempo a las Mayores desde la Isla esclava.

Durante los 50’s, de la forma como tenían los Indios de Cleveland al mejor coach de pitcheo del mundo en Mel Harder (cuyas conferencias al Almendares se las apropió Juan Ealo para escribir “su leyenda” como “gurú o mastermind” del pitcheo durante los primeros 10 años del beisbol castrista), en cuanto a la preparación de los jardineros, ninguna Organización como los Dodgers de Brooklin, que fueron capaces de mejorar el brazo de Edmundo Amorós, que no tenía ni para sostener la cuchara, hasta convertirlo en un tirador a las bases algo menos que malo. En la sugerencia al Habana, con carácter especial, los Esquivadores le pidieron a Mike González que lo alternaran en primera base, para que no reprimiera un brazo que “había nacido cansado”, en Cuba le decimos “arranca’o o manco”.

Pero quiero hablar de un jugador del cuadro, del cubano de los Tigers de Detroit José Iglesias (foto), que está “haciendo bulla” por los engarces increíbles y por los tiros sin reponerse desde donde fildee ¿A quién asemeja? Al mago del Central Chaparra, al hombre que adquirieron los Yankees durante año y medio, que no podía batear más de .240 y estuvo ¡9 AÑOS EN LAS MAYORES! El cubano del Almendares Willy Miranda.

Debajo coloqué un link, video en que Iglesias fildea de espaldas un aparente “texas leaguer” delante de Céspedes y dispara a la primera base, a la que regresó a la carrera un corredor que nunca pensó que el torpedero haría el tiro desde tan incómoda posición:

http://www.foxsports.com/mlb/story/tigers-shortstop-wows-indians-broadcaster-will-stellar-over-the-shoulder-catch-042715?=_mid=245328&_rid=245328.14507.1683&cmpid=emc:fscom:mlb_tigers

Para que “nazca” un gran fildeador no se necesitan los mismos elementos obligatorios que para ser pitcher o bateador de calibre, Iglesias lo ratifica: en un país sin pitcheo, sin producir la cantidad de jugadores que escribieron su historia, con una política de tiranía cuyo objetivo, por factores ideológicos, ha sido destruir el pasatiempo desde adentro a como dé lugar, imponiendo el gusto por el balompié, sin estadios modernos que mejoren el rendimiento al defender, instalaciones descuidadas, en franca Edad de Piedra para el beisbol del siglo XXI, tenemos fuera de la jaula, en Detroit, a un felino de sello histórico para el beisbol nuestro, digna representación de Willy, quien, para muchos que le vieron, el más grande fildeador del shorstop de la historia, entre ellos Lasorda, Rizzuto, Aparicio, Woodling, el difunto Paul Richards, otro difunto, Bobby Bragan…

El muchacho es el mejor defensor del campo corto de las Grandes Ligas, no hay que esperar más tiempo, es una maravilla en el desplazamiento a ambos lados, hacia delante o hacia atrás, mágnifico en el dobleplay, de brazo poderoso y milimétricamente certero; para que nos recuerde al “chiquillo”, como le decía Casey Stengel a Willy, solo falta oírle pedir al 3era base que deje pasar el rolling, fildearlo detrás del antesalista en franca raya de cal y, desde ahí, sin componerse, fusilar al corredor.

El que fue al Cerro y vio jugar a Willy con Héctor en 3era por los Alacranes, o, en las dos últimas temporadas del champion a ambos en el Habana, tiene que recordar aquella voz inolvidable, que le gritaba al inmortal antesalista para que dejara el fildeo de batazos duros, lejanos, difíciles e incómodos a su cuenta y responsabilidad: “DÉJALA HÉCTOR, DÉJALA…”

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